La pregunta que no tenía respuesta
Todo comenzó con una conversación en una ferretería del barrio de Caballito. El dueño, después de mostrar con orgullo su local renovado, sacó la última factura de electricidad y la puso sobre el mostrador. Era casi el doble que dos años antes.
Habíamos instalado iluminación nueva, aires más modernos, una heladera de exhibición eficiente. Y sin embargo, la factura seguía creciendo. ¿Por qué? Porque nadie había diseñado cómo esos equipos debían convivir. Nadie había pensado el consumo como un sistema.
Esa conversación se repitió con decenas de pequeños empresarios. Comercios, talleres, estudios profesionales. Todos con la misma sensación: habían invertido en equipos más eficientes pero no habían visto los resultados esperados en su factura.